Riga, la “París del norte”

RIGA, LA “PARIS DEL NORTE”

25 años después de que Letonia se independizara de la Unión Soviética, su capital, Riga, es una ciudad en alza tras su adhesión a la OTAN y a la Unión Europea en 2004. Estos hechos tuvieron lugar tres años después de que la ciudad celebrara sus 800 años de existencia y el futuro nunca ha sido más halagüeño para la que antaño era considerada en toda Europa como la “París del norte”. Riga se ha situado con firmeza en el mapa turístico gracias al aumento del número de compañías aéreas de vuelos económicos y compañías estándar que conectan la capital letona con otras ciudades europeas. La ciudad es de hecho la capital de los negocios del Báltico, dejando atrás a otras capitales como Tallin y Vilna. También se está convirtiendo progresivamente en la ciudad más interesante para los turistas de las tres, debido a sus cuidadas atracciones y a la proliferación de hoteles de distintas categorías. Más antigua que Estocolmo y San Petersburgo, Riga es la única capital báltica que tiene una actividad propia de una verdadera ciudad grande. Cualquier recuerdo de las privaciones de la época soviética desaparece rápidamente al pasear por las calles de la ciudad, repletas de flamantes edificios restaurados, jóvenes con móviles y nuevos bares y cafeterías que parecen brotar en cada esquina. En un día soleado, cuando los elegantes trabajadores de oficinas se mezclan con los estudiantes vestidos a la última en las plazas de la ciudad, uno puede imaginar que está en cualquier ciudad europea.

Riga

Las cosas nunca han resultado tan fáciles para la capital letona, ya que durante su turbulenta historia ha sido saqueada, ocupada, reocupada y saqueada de nuevo por todo el mundo, desde los guerreros teutones hasta los suecos, pasando por los franceses y los polacos. El siglo XX trajo las devastadoras invasiones de los nazis y de Stalin. Los soviéticos dejaron un legado de barrios periféricos de viviendas de protección oficial de un estilo monstruoso y edificios de la arquitectura estalinista.

La atención de la ciudad se centra en la parte antigua, que se amontona junto a las orillas del río Daugava en un laberinto de calles adoquinadas, voluminosas agujas e impresionantes plazas. Resulta irónico que la ciudad que antaño fue sitiada y tomada por los alemanes posea en la actualidad la muestra más impresionante de arquitectura alemana Art Nouveau (estilo modernista) de toda Europa. La Unesco ha reconocido este hecho concediendo a la capital la categoría de Lugar Patrimonio de la Humanidad. La Ciudad Nueva, el corazón comercial y de negocios de la ciudad yace a lo largo del Parque Bastekalns, con sus anchas avenidas y diseño cuadriculado. Siguiendo el curso del río se llega al desparramado puerto de la ciudad.

El mar Báltico se encuentra sólo a 12 km (7 millas) de distancia pero el clima de Riga no es tan duro como la gente imagina. El invierno puede ser de hecho largo, oscuro y frío, pero la primavera y los días de verano ofrecen multitud de días con temperaturas agradables y largas horas de luz. Cuando el sol brilla, los numerosos parques de la ciudad se llenan, las mesas de las cafeterías se sacan a las terrazas y la gente holgazanea en las embarcaciones de remos del canal. Una imagen mucho más mediterránea que de Europa del Este. En la cercana Jurmala, la escena es aún más sureña con los cuerpos bronceados tumbados en las arenosas playas bajo el sol.

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Alain Grunberg

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